Poemas

TUS HUECOS

¿Sabes por qué creo

que me he enamorado?

Porque me encanta

cada uno

de tus atropellos,

de tus dudas,

de tus inciertos.

 

Porque no razono

lo que está claro y sereno.

Porque me gusta cada una

de tus ambigüedades,

de tus confusiones,

de tus rodeos.

 

Tu insensatez,

tu descuido y desacierto.

Enamorado

de tus lapsus,

de tu torpeza,

de tus huecos.

UN DÍA DE ESTOS

 

Un día de estos,

cuando menos te lo esperes,

me como tu mirada

y dejo al mundo sin ojos.

 

El miércoles que viene,

por ejemplo,

saco todas las palabras

que me he dejado

en la punta de la lengua sin decirte

y me imagino

cómo hubiera cambiado mi vida

si te las hubiera escupido una a una.

 

Un día de estos me vuelvo loco

y te digo al oído

que quiero pasar el resto de mis días

contigo.

 

Que mis sonrisas

dependen de despertarme

todos los días enlazado a ti,

que tu cuerpo

es el lugar perfecto

para morir de pasión.

 

Confesarte

que daría la vuelta al mundo

en ochenta versos

solo

para hacerte

el amor.

VIVIMOS RÁPIDO

 

Vivimos esperando

a que la vida nos espere.

 

La vida es lenta, muy lenta,

y nosotros vamos rápido, muy rápido.

Comemos rápido,

hablamos rápido y dormimos rápido,

mientras la vida no entiende

de esos espacios temporales estresados.

La vida es eso que pasa

mientras nosotros corremos.

 

Vivimos esperando el momento perfecto,

sin utilizar el momento y hacerlo perfecto.

Ese momento donde nos preocupamos más

por lo material que por nosotros mismos.

 

Vivimos esperando

que la jornada termine para llegar a casa,

vivimos esperando que sea viernes

(olvidando que el que no es feliz un miércoles

tampoco lo será el fin de semana).

 

Vivimos esperando que lleguen los puentes,

las vacaciones, el verano…

 

Vivimos esperando que pase algo,

y lo único que pasa

es la vida.

 

 

RADIOCASSETTE

 

Estaría perfecto que se pudiera volver hacia atrás.

Rebobinar el cassette de nuestras vidas.

Ese con el que apretaste el Play,

pero se te olvidó pulsar el Stop.

 

Sería ideal que nuestros sueños ya no se cruzaran,

y en el descansillo de la autovía de la razón,

ya no almuerce tus besos, tus abrazos, tus locuras...

 

Estaría genial que no te recordara tanto y te olvidara tan poco.

Que mi loca cabeza entendiera

que la vida son dos días

y uno de ellos no se puede malgastar con cualquiera.

 

 

 

 

 

 

 

T-U B-O-C-A

 

Porque soy

el causante

de los dos paréntesis

de tus sonrisas,

en donde dentro está tu boca,

esas líneas curvas

donde deseo

no solo perderme

gramaticalmente.

 

Herir

cada una de tus sintaxis

subordinándome

a las raíces de tu cuerpo.

 

B[v]e[r]sarte

durante toda la noche

con todas y cada una

de las letras del abecedario.

 

No encontrar

más sinonimias

que determinen

tus sonrisas.

 

Y besar

todos tus huecos

aunque estéticamente

no suene correcto.

HAMOR CON “H”

 

Me gustaría saber

si me recuerdas

la mitad de veces que,

a lo largo de todo este tiempo,

yo te he ido imaginando.

 

Si te revuelves en los sentimientos y,

al menos alguna vez,

me encuentras

divagando por tus recuerdos,

esos que yo aún guardo a quemarropa

y no consigo descubrir la manera

de deshacerme de cada uno de ellos.

 

Me gustaría saber

si crees que nuestras historias

ya han terminado,

y como un cuento que concluye,

no obtiene su continuará,

su qué será

del papel de sus personajes,

que por desgracia,

lentamente,

se ha olvidado.

 

Y me gustaría que,

aunque solo sea por un momento,

pensaras

que estos versos no te los escribe,

ni mucho menos,

un hombre enamorado,

sino que los sangra

una persona que aún,

con todo lo que ha pasado,

no es consciente

de que a quien realmente le importas,

pase lo que pase,

siempre

continúa

a tu lado.

CERILLAS

 

No sé si lo sabes,

eres fósforo.

Sí, dinamita de hogar.

Más del tres por ciento

del sulfuro de hidrógeno

de este desgastado cuerpo.

 

No sé si sabes

que existe

un fuego dentro de ti,

que solo tú puedes prender.

 

Y de ahí saltan las chispas

que encienden mis sonrisas

y alumbran mis días,

de ahí sale esa llama

que apaga todo lo ajeno,

lo abstracto,

lo diverso.

 

De esa combustión,

se abalanzan los restos,

las cenizas,

que hacen que mi vida

esté sola y únicamente pendiente

del frotar de tus cerillas.

¿DÓNDE TE ENCUENTRAS, SONRISA?

 

Hoy te he buscado

y no te he encontrado,

sonrisa.

 

He indagado,

sin permiso,

hasta en mis cicatrices más profundas.

En los cráteres de los volcanes que un día,

hace ya más de siete primaveras,

erupcionábamos juntos.

 

Hoy te he buscado

entre los abismos del temor,

por los declives del espanto,

por los susurros

que nos murmullábamos

cuando todavía no habían aparecido

estas canas en mi pelo.

 

Dónde te ocultas, sonrisa,

¿por qué no sales a pasear

por las alamedas de mi vida

y te sientas en los bancos de mi alegría

a ver pasar despacio,

como cuando éramos niños,

esta loca vida?

 

Por qué no juegas a ser joven,

irrumpir en mi piel incisiva,

quitarnos un par de arrugas,

y dejar a un lado la prisas.

 

Volverte de mis hechizos sumisa,

que aparezcas de repente,

y te quedes para siempre,

sonrisa.

EL PESO DEL VIENTO (POR QUÉ ESCRIBO)

 

Escribo porque la vida
no caligrafía recto,
siempre se olvida
acentos importantes en el camino.

Porque es muy puta
para no intentar
comprenderla

con palabras.

 

Escribo porque la poesía
me explica
de qué color es el agua,
a qué saben las palabras
o cuánto pesa el viento.

 

Porque no consiento
ver la vida pasar entre mis ojos
sin que sepa el tiempo
que he averiguado su secreto.

 

Porque saco el sol en mis días nublados,

porque mis noches de tormentas
las alumbras con tu luz.
Esa que ilumina las paredes de mi soledad,

cuando la oscuridad
no me deja trepar por ellas.
Y tú, con tus garabatos
en forma de sueños,
les pones un par de capas de pintura.

 

Escribo simplemente
por una razón,
porque me dejas
ser «yo»,
dentro de «mí».